Coparticipación, federalismo y promesas de campaña

Que debe replantearse la Ley de Coparticipación es una consigna fácil y oportuna para los candidatos en campaña, pero de difícil concreción.  Se trata de una asignatura pendiente desde la sanción de la Constitución de 1994 cuya solución parece una utopía tan manoseada como el propio federalismo argentino.

Un estudio reciente del IARAF publicado hoy por El Cronista revela que, sólo en 2015, las provincias resignarán a manos de la Nación unos $200.000 millones, en concepto de impuestos que se sustraen a la coparticipación como los destinados a la seguridad social o los ingresos originados en retenciones a las exportaciones o el impuesto al cheque (no coparticipados).  La suma apropiada por la Nación llega a los $800.000 millones si se acumula lo retaceado a las provincias desde el año 2003.

La verdad es que es difícil llevar a cabo una negociación en la que todas las partes creen que tienen reclamos históricos que reivindicar, y ninguna vocación para ceder.  En este sentido, el contexto adecuado para plantear discusiones fiscales son los (raros) períodos de expansión económica, de manera tal de que ninguna parte deba comprometerse a resignar recursos en términos absolutos.

La Coparticipación es sólo un capítulo de una necesaria discusión fiscal pendiente en nuestro país hace décadas.  Una solución al problema fiscal argentino implica un planteo serio y un abordaje conjunto sobre (a) el déficit fiscal crónico de la Nación y las provincias, (b) la sustentabilidad del sistema previsional y (c) la coparticipación tanto primaria (Nación/provincias) como secundaria (entre provincias).

La oportunidad para encarar simultáneamente todos los frentes hubiera sido durante el ciclo expansivo del gobierno de Néstor Kirchner, cuando momentáneamente se equilibraron las cuentas públicas nacionales y provinciales.  Pero es bien sabido que la aplicación arbitraria de los recursos nacionales (por ejemplo a través de la obra pública o los programas sociales) constituye un elemento central de la política de extorsión de los gobiernos provinciales por parte del gobierno nacional.  Una vieja práctica llevada al extremo por el kirchnerismo, que nunca estuvo dispuesto a resignar.

Por otra parte, la nacionalización de las AFJP, la apropiación de los recursos de la ANSES y su utilización desaforada para todo tipo de programas de neto corte asistencialista, volvió a poner en jaque la viabilidad del sistema jubilatorio.  El principal problema histórico para la coparticipación han sido los momentos de sinceramiento de crisis previsionales.

Es verdad que el genuino federalismo no tiene destino al margen de una respuesta satisfactoria al dilema de la coparticipación, pero no es menos cierto que ningún paso en esta dirección puede darse al margen de un replanteo general del esquema tributario y previsional argentino, un desafío que, lamentablemente, no está en la agenda de corto o mediano plazo de la dirigencia nacional.

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