Del blindaje al Club de París

Machinea era todavía ministro y había encabezado las desesperadas gestiones del gobierno de De la Rúa por lograr el “blindaje”, un salvataje de 40.000 millones de dólares destinados a sostener la Convertibilidad.  El equipo de comunicación delarruista intentó presentarlo como una especie de panacea que resolvía todos los problemas de la gestión gubernamental.  Buenos Aires apareció empapelada con afiches alusivos al “blindaje” en sólidas letras plateadas.  El papelón por lo insólito de la campaña fue mayúsculo; mientras tanto la economía seguía deteriorándose, y en pocos meses, la fuga de divisas había licuado el salvataje.

Hoy el gobierno intenta algo parecido con el acuerdo con el Club de París.  Axel Kicillof y Aldo Ferrer, inefables, sostienen que ahora “se destrabarán inversiones”.  En realidad lo único que busca la gestión es hacer posible volver a endeudarse en el mercado internacional.  No se buscan inversiones, sino financiamiento.

Kicillof es tanto más gracioso cuando presume de haber “arreglado uno de los entuertos que nos dejó como herencia el neoliberalismo”.  La verdad es que en 2001 la deuda con el Club de parís era de 1.900 millones de dólares.  Para llegar a los 9.700 millones que se pagarán en virtud del acuerdo alcanzado, hubieron de transcurrir los diez años de la “década ganada” acumulando intereses, por la negativa absurda del gobierno a encarar esas negociaciones, mientras presumía de su “política de desendeudamiento”.  La cara de piedra no le falta al ministro de economía, para  sostener que “se pagará, pero no en condiciones que nos dejen de rodillas”.

La verdad es que como consecuencia de la posición ideologizada del kirchnerismo, nuestro país se perdió durante diez años la posibilidad de financiarse con el crédito internacional en las condiciones favorables como no hubo nunca en la historia.  Ahora, el gobierno sólo intenta volver al mercado de capitales para financiar al déficit fiscal y aliviar la presión devaluatoria.

3 Comments

  1. Como de costumbre, más clarito agua. Sin embargo, hoy más que nunca es dable advertir que llegó la hora de que los dirigentes políticos, empresariales y de la sociedad civil en general – entre los que incluyo a Máximo – que transitan la vereda de la razonabilidad, se pongan en modo de “alerta roja” habida cuenta que en los días que vendrán deberán extremar sus mentes para neutralizar la propaganda “gobbeliana” que lanzarán desde todos los estamentos K a los fines de enfatizar y calificar de histórico el acuerdo alcanzado y alimentar el mantenimiento del relato que les posibilite sostener su enfermiza ideología. Si dichos dirigentes no asumen sus responsabilidades, el futuro del país podría ingresar en una crisis terminal similar o de mayor grado que en el 2001 en los órdenes económico, político y social.

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