Desendeudamiento, candidez y cinismo

Que el gobierno haya dado un giro de ciento ochenta grados desde su promocionada “política de desendeudamiento” a la actual desesperación por volver al mercado de capitales, no es sólo una contradicción del relato; se trata de una inconsistencia política que ocasiona serios problemas al país, en lo inmediato y a futuro.

Desde un principio se sabía que los canjes con quita que el gobierno mostró en su momento como logros traían aparejado el riesgo de que los llamados holdouts (que no aceptaron los canjes) pudieran obtener sentencias favorables.  Y el riesgo se extiende en tanto estos casos sirven como precedente para reclamos ulteriores de quienes sí habían entrado al canje.

¿Cuál es el balance?  El gobierno, prendado de su retórica contra la deuda externa, ha dejado pasar una de las oportunidades más favorables de la historia para endeudarse a tasas bajas y largo plazo, para financiar grandes proyectos de inversión o infraestructura para el desarrollo.  Lo hizo por no sentarse oportunamente a negociar con los acreedores.

Ahora, desesperadamente intenta resolver cuestiones largamente postergadas, pero no porque pretenda inversiones o financiamiento para el desarrollo, sino urgido por los apuros de la caída de reservas, el déficit fiscal y la presión cambiaria.  En este contexto, mientras por un lado alardea de que “no nos van a poner de rodillas” y otras bravuconadas por el estilo, el gobierno kirchnerista acepta las condiciones más estrictas.  Lo hace exponiéndose al peor de los resultados, aún sin saber si podrá, en algún momento, volver a acceder al crédito a pesar de todas las concesiones.

Estamos lejos de saber cómo termina esta historia.  Lo que es seguro es que el desendeudamiento no ha sido tal, que es probable que al final del ciclo de la “década ganada” el país deba más que al inicio, y que será muy difícil recuperar el crédito externo a tasas y plazos razonables –a pesar del contexto propicio– luego de haber abusado estúpidamente del recurso populista, patriotero, de relativizar los compromisos y demonizar a los acreedores.

2 Comments

  1. Después de analizar todo el proceso de discursos para la tribuna desde el año 2003 hasta la fecha, queda absolutamente probado que los ideologismos a ultranza, sostenidos al estilo Altamira, Zannini y la Señora, concluyen convirtiéndose en horrores de conducción política de lesa humanidad.

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