El antiperonismo cristinista

Pese a los escasos años transcurridos, muy lejos están los tiempos en que, con las ideas de la “transversalidad” y la “concertación”, el kirchnerismo (de Néstor) intentó ampliar las bases de sustentación de su gobierno convocando a radicales, socialistas y progresistas en general. La idea era entonces disminuir al peronismo duro o clásico por la vía de diluirlo en un contenedor mayor que lo condicionara al punto de neutralizarlo. El alfonsinismo, salvando las distancias, había intentado algo parecido, también coronado por un estrepitoso fracaso, lejos del “tercer movimiento histórico”.

El kirchnerismo pareció darse cuenta rápidamente de su error y la “transversalidad” cedió paso, luego de la crisis del campo y la defección del vicepresidente Cobos, a un “retorno a los orígenes” clásicos de Perón, Evita, la marcha y el sindicalismo.

Moyano se convierte así en un índice claro de la imposible relación del kirchnerismo con el peronismo. Actor perspicaz y sobre todo perceptivo, el camionero tomó debida nota de su renovada importancia, como antes había anotado el desprecio sufrido. En consecuencia, el nuevo matrimonio se planteó en términos del tal desconfianza y tensión, que finalmente se rompió (no sin antes haber detonado la salud del ex presidente Néstor Kirchner).

Ahora el kirchernismo (de Cristina) está de vuelta claramente enfrentado al peronismo clásico y no cesa en su avanzada violenta contra sus estructuras. En lugar de la estrategia de dilución anteriormente ensayada, ahora el objetivo es directamente acorralar al peronismo, disputarle cada espacio de poder en un juego de suma cero, presionarlo con la caja, ahogarlo financieramente, quitarle cargos, bancas y espacios de representación y gestión. La avanzada es feroz, y los ignotos miembros de “La Cámpora” sus azorados y engolosinados protagonistas.

El justicialismo no kirchnerista, hace tiempo marginado de los honores y los cargos oficiales, lo sabe y, con paciencia, se relame. Ve claramente que las simpatías de fondo del conjunto de los compañeros (gobernadores, legisladores, sindicalistas) todavía alineados con el Gobierno por esta vía extorsiva, están definitivamente inclinadas a su favor, y que sólo es cuestión de tiempo que se pasen del bando clásico.

Lejos de expresar poder, las demostraciones de fuerza del kircherismo muestran la pendiente de una acelerada decadencia. La similitud que traza Susana Viau hoy en Clarín entre el perfil que va tomando el gobierno de Cristina y la desastrosa gestión de Isabel Perón, es algo más que una imagen poética. La falta de atención a las insuficiencias estructurales del país y el agravamiento de los problemas coyunturales traza un panorama preocupante.

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