El cascabel al gato

Los resultados del 27 de octubre habilitan varios planos de análisis.  Las elecciones son fenómenos complejos que interpelan y desafían las categorías de las ciencias sociales.  En cada elección la ciudadanía expresa sus intereses, ideologías, preferencias, expectativas referidas a la situación objetiva, concreta, pero también anhelos, temores, esperanzas subjetivas y muy profundas.

Estamos acostumbrados, ante todo, a hacer análisis de relaciones de fuerza.  La modificación de los alineamientos, posicionamientos y relaciones de fuerza dentro del peronismo de la provincia de Buenos Aires (y del resto del país, por extensión), es el dato central en este aspecto: el libro de pases estará al rojo vivo.  Enterrado el proyecto reeleccionista, el peronismo desarrolla su dinámica sucesoria.  No hay sorpresas en este plano, salvo que la consolidación de Massa deja escaso margen al kirchnerismo para buscar una variante más “pura” al siempre ambiguo Scioli.  Por fuera del peronismo, mientras tanto, Binner y Cobos resultan fortalecidos en el espacio socialdemócrata frente a Carrió y Solanas, mientras que Macri se recorta solitario por el centroderecha, apostando a una “tercera vía” sin alianzas (explícitas) con el peronismo disidente.

Resulta interesante, también, intentar un análisis del discurso de los principales actores.  Al hacerlo se puede comprobar, como primer dato, la estructuración de formas uniformes: discursos lavados, tibios, sin definiciones concretas, presuntamente vinculados a las preocupaciones manifiestas de la gente (las que surgen de las encuestas y focus groups), pero en general superficiales y amigables.  El intento llevado a cabo por De Narváez de instalar un discurso más duro fue castigado duramente en las urnas, posiblemente descolocado frente a la delicadeza impuesta a la presidenta por su forzosa convalecencia.

Pero se puede intentar un tercer plano de análisis, que distinga a la posición de los diferentes actores frente a los problemas concretos, ante todo la economía y la inflación.  La política (sobre todo el gobierno) ha venido mirando para otro lado, en parte encubriendo los datos objetivos a través de la manipulación del Indec, en parte instalando otras “batallas”, pero después de las elecciones la agenda económica vuelve por sus fueros.

¿Cómo abordará la política la agenda económica? Una de las posibilidades es que el propio gobierno (que ve achicarse sus márgenes de maniobra políticos al mismo tiempo que se le vacía la caja fiscal) instale el tema y obligue al resto de los actores a discutirlo y afrontar al menos en parte el costo político de un ajuste.  Otra posibilidad es que el propio escenario económico se complique y fuerce tomas de posición más definidas por parte de cada uno de los actores.  En cualquier caso, con toda probabilidad se apelará al Congreso para legitimar medidas antipáticas.

¿Puede agravarse el escenario económico?  Distintos analistas dan cuenta de una aceleración de la inflación que se atribuye a una flexibilización de los controles de precios.  El dólar informal amaga con perforar la barrera simbólica de los 10 pesos, poniendo de relieve la gravedad del retraso cambiario.  Las economías regionales del interior acusan la falta de rentabilidad consecuente que torna absurdo el mantenimiento de las retenciones.  El dólar oficial devalúa progresivamente, tratando de acortar la brecha.  Por otro lado, pese a los récord de recaudación (debidos en buena medida a la propia inflación), el déficit fiscal se agrava y torna difícil sostener la política de subsidios (que no sólo fracasa como herramienta de contención de la inflación, sino que además profundiza las distorsiones de la economía).  Al financiar el déficit con emisión, el Gobierno retroalimenta la inflación.

Hasta ahora (y probablemente con las elecciones como horizonte inmediato), lejos de enfrentar los problemas, el kirchnerismo ha optado por negarlos y huir hacia delante.  En esto la oposición no ha acertado a ofrecer una alternativa, planteando también con trivialidad y voluntarismo los aspectos más superficiales.  En este sentido es importante anotar que la inflación es apenas el fenómeno más visible (por cierto que pernicioso) de una compleja maraña de problemas estructurales de la economía.

Si la dirigencia parece esquivar el asunto, la pregunta es ¿cuán cerca está el momento en que los problemas fuercen a los actores a una toma de posición?  Y una vez de cara a los problemas ¿cómo se enfrentarán, y qué rol le tocará a cada actor?   Lejos de la respuesta cómoda de ejercitar el populismo, como en los años dorados del kirchnerismo, las políticas a adoptar no serán gratas al electorado.  ¿Quién le pone el cascabel al gato?

One Comment

  1. Seamos eficaces y eficientes y vayamos al grano. Menos eufemismos y menos palabreríos, esto es: a) Qué es la tercera vía, Macri, Blair o el Desarrollismo y b) Nuestras gentes no soportan el marketing político y menos de origen ecuatoriano.

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