El fin del tipo de cambio competitivo

En su origen, los pilares virtuosos del “modelo” kirchnerista eran 1) el tipo de cambio alto (heredado de la explosión administrada de la Convertibilidad), 2) el alto precio externo de las commodities (soja y petróleo), 3) una importante capacidad ociosa resultado de la crisis, 4) el no pago de la deuda y, como resultado de la recuperación económica, 5) los superávit gemelos (fiscal y comercial).

En 2005 y 2010 se enfrentó el pago de la mayor parte de la deuda (hoy se discute pago del último remanente de tenedores de bonos que no aceptaron ingresar a sendos canjes).  La recuperación absorbió la capacidad ociosa de la economía.  El precio de las commodities se mantuvo alto, apuntalando la balanza comercial.  Pero una política de subsidios de neto corte populista minó las bases del superávit fiscal.  La inflación y la falta de una política antiinflacionaria determinaron el fin del tipo de cambio competitivo.

Veamos por qué.  Como consecuencia de la inflación, el tipo de cambio oficial -que rige para las operaciones de comercio exterior- está retrasadísimo en términos reales para los exportadores.  El exportador paga todos sus costos afectados por la inflación (real, no la del INDEC), e incluso sufre los coletazos de los precios de insumos dolarizados (al dólar paralelo, no al oficial).  Pero cuando liquida sus exportaciones, recibe dólares devaluados (al precio oficial, no el paralelo).

¿Qué ocurre con los importadores?  Se enfrentan al gigantesco pulpo de la Secretaría de Comercio Interior, que comanda Guillermo Moreno.  El mismo tipo de cambio (oficial, retrasado) que quita rentabilidad a la exportación, alienta las importaciones, como en los tiempos de la Convertibilidad, los denostados noventa.  Pero a diferencia de la política aperturista de Cavallo, el kirchnerismo aplica un cerrojo selectivo (y arbitrario) a las importaciones, lo cual protege, es cierto, el superávit comercial, pero al precio de afectar y tornar inviables innumerables actividades que dependen de insumos o bienes de capital importados, y de alentar, simultáneamente, el contrabando y los mercados informales.

Lo cierto es que el tipo de cambio competitivo, que la presidenta y la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, decían defender, es hoy una añoranza.  El tipo de cambio real es más bajo que en tiempos de la Convertibilidad, y cada día que pasa, inflación mediante, lo es más.  Y con estos niveles de inflación, devaluar no es una opción, pues significaría retroalimentar la espiral inflacionaria aún ahora, cuando la economía se enfría y ameseta.

Como el aprendiz de brujo, el gobierno está entrampado en su propia ingeniería y, a no ser que cambie sus paradigmas, no es fácil adivinar por dónde puede comenzar a resolver el problema.

3 Comments

  1. no puedo entender estimado ,que menciones a Cavallo ,pretendes la apertura ilimitada de las importaciones…
    ya tuvimos bastante con aquellos tiempos ….felix

Have your say