El ocaso del relato: desconcierto, contradicciones e incomprensión.

El resultado de la elección del 25 de octubre desconcertó al kirchnerismo. Perdieron el apoyo popular, lo cual parece un contrasentido para un gobierno populista. ¿Cómo puede ser que, tras doce años de ofrecer al pueblo lo que el pueblo demandaba, el pueblo haya respondido dándoles la espalda?

Las respuestas que ensayó el pensamiento oficial demuestran la incomprensión de la situación: a) que Scioli no representó adecuadamente el modelo, que no es Cristina y que no llegó a las bases con el mensaje auténtico; b) que la clase media, beneficiaria desagradecida del modelo, ahora le dio la espalda y traicionó al pueblo; c) que gracias a una gigantesca operación mediática, el electorado se dejó engañar por una derecha jurásica disfrazada de moderada; etc.

El contrasentido del populismo-que-ya-no-es-popular opera en un plano muy distinto. Para resolverlo hay que bucear en las contradicciones de la propia ideología oficial y su pertinaz vocación por caer en las arenas movedizas del progresismo vulgar, y creerse su propio relato mentiroso.

1) El país de las maravillas. Según la ideología oficial, vivimos en un país donde casi no hay pobres, no hay inflación, no hay inseguridad, se cuida a los que menos tienen, etc. La verdad es que tras doce años de aplicación del modelo, la economía está estancada, la inflación lastima y genera nuevos pobres cada día, no hay inversión y el gobierno no ofreció ninguna salida. Como un autista, insistió en las presuntas virtudes de un modelo a todas luces agotado, y hasta propuso “profundizarlo”. Cada vez menos gente quiere eso.

2) La conspiración de la derecha. Según la ideología oficial, el enemigo (las corporaciones, el monopolio, los medios hegemónicos, etc.) ha jaqueado al Gobierno popular y está agazapado esperando la oportunidad para saquear el país y arrebatarle al pueblo las conquistas de la década ganada. La verdad es que el Gobierno se ha metido solo en sus propios atolladeros. Nadie cree ya en este esquema conspirativo.

3) ¿Contra los privilegios? Según la ideología oficial, el kirchnerismo es una garantía de equidad y justicia, frente a la vocación del establishment por recuperar privilegios del pasado. Pero es el oficialismo el que, como una nomenklatura, maneja de manera discrecional y corrupta los recursos públicos, sin rendir cuentas a nadie y con total desparpajo. La Cámpora, los seguidores incondicionales de la presidenta, es el grupo privilegiado por antonomasia.

4) Revolución y contrarrevolución. Según la ideología oficial, las instituciones republicanas clásicas, la división y el equilibrio de poderes, son una rémora liberal que el Estado populista debe disciplinar en pos de sus más altos fines. Es así que el kirchnerismo ha hecho gala del ejercicio caprichoso del poder desde un Estado cada vez más invasivo. Y la verdad es que nadie cree en los fines presuntamente “revolucionarios” que justifiquen los abusos sistemáticos como medio para alcanzarlos.

A lo largo de más de una década, el relato ha permeado realmente en la sociedad, pero parece haber encontrado su límite por saturación. Cansancio, hartazgo, y una verdadera sed de cambio, proyectan ahora esperanza, alivio y alegría.

Frente a esta nueva situación del humor ciudadano, la reacción de las usinas oficialistas consiste en meter miedo (“Macri es la derecha”, “es el retorno al pasado”, “es la Alianza”). Una estrategia absurda que revela tanto la incomprensión de lo que está pasando, cuanto desesperación. El kirchnerismo no puede resistir su vocación de hablarse a sí mismo y mirarse el ombligo, y no puede dejar de lado su tradicional soberbia.

Estamos frente al ocaso del relato. La pregunta que queda latente es si alguna vez hubo alguna virtud en él, o si acaso fue siempre el ancla que ahora ha demostrado ser para el proyecto político que lo concibió, alimentó y entronizó.

(Esta columna fue publicada, con algunos cambios, en Clarín del día 5 de noviembre de 2015)

One Comment

  1. Estimado MM:

    El que te escribe, ya a los 58 años, es un viejo desarrollista. Incluso, trabajé con Don Marcos -para mi siempre va a ser “Don Marcos”, uno de los tipos más inteligentes y graciosos que conocí. Su ensayo “Las corrientes..” aún sigue siendo para mí, en muchos aspectos, insuperable. Fui miembro del Comité Provincia entre fines de los ’80 y principios de los ’90.
    Estoy convencido de que uno de los serios problemas estructurales que padece el movimiento nacional en pos de sus metas e intereses bien entendidos, es la ausencia de un partido que exprese la acumulación a escala nacional. O sea, la salida del MID de la escena. Y es por eso que te escribo. Porque a pesar de ser yo partidario de este gobierno que se va y vos un férreo detractor y partidario del que viene, en algún momento habrá que encontrar la síntesis superadora. Entre otras y como un comienzo, esa “(curiosa idea productiva)” que pones entre paréntesis y a guisa de reproche en tu último artículo de “Perfil· es la quintaesencia del capitalismo realmente existente, en el cual la inversión es una función creciente del consumo. Ese sobre el que entienden poco la cáfila de liberales y monetaristas de cuarta que rodean las ideas “desarrollistas” que dice profesar el próximo primer mandatario -y no hay por qué no creerle. En todo caso, las circunstancias nos están diciendo que el esfuerzo para que se impongan no va a ser menor. Hasta luego.

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