Estanflación al día

El propio INDEC, cuyos números deliberadamente adulterados por el gobierno han perdido toda credibilidad, viene consignando que la economía muestra signos de amesetamiento.  Lejos del “crecimiento a tasas chinas”, la fórmula de crecer por la vía de una política monetaria expansiva y el incentivo al consumo parece haber encontrado su límite.

Pero como resultado de su aventura heterodoxa, el país es uno de los pocos casos del mundo donde se registra una estanflación, esto es, un estancamiento con inflación de precios.  El espiral inflacionario no se acelera, pero tampoco se detiene.

El gobierno sostuvo, una y otra vez, que la originalidad de su modelo es el privilegio del consumo.  En su galimatías la inversión adviene como corolario.  Pero la verdad es que el principal problema actual es la falta de inversión.  El consumo puede ser directamente estimulado por el gasto público y por medidas que desincentiven el ahorro, pero la inversión requiere de muchas condiciones hoy ausentes.  Sin inversión, el consumo y el gasto público sólo retroalimentan estructuralmente la inflación.

Esta es la encerrona en la que se encuentra el modelo actual y de la que no es fácil salir.  Una política antiinflacionaria implica revertir cada uno de los presuntos “pilares” de la heterodoxia kirchnerista –además de comenzar por reconocer el problema–.   Y volver a crecer implica, esta vez ineludiblemente, recrear un clima favorable para la inversión.

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