Fundir a Techint

El kirchnerismo no se ha caracterizado en general por la sutileza a la hora de distinguir quiénes son amigos y quiénes enemigos.  En estos días es el turno de Techint, debido a que Paolo Rocca violó uno de los mandatos cardinales que impone el gobierno a los empresarios: hablar sólo si se tiene algo favorable para decir.

Con desparpajo, el viceministro de economía Axel Kiciloff bromeó hace poco con la posibilidad de, desde el Estado, fundir a Techint.  “Habría que hacerlo”, dijo.  ¿Por qué?  Por tener negocios turbios con Clarín, por fogonear la “megadevaluación”, por pretender explotar a sus obreros y enriquecerse en base a salarios bajos, y por gustar de la represión económica (¿?).

El autor de semejante galimatías conceptual no tiene la delicadeza de anotar que Techint es una empresa reconocida por hacer todo lo contrario de lo que denuncia.  Las políticas de desarrollo de proveedores de Techint son modélicas, constituyen un caso de estudio, y suplen, desde el sector privado, la ineptitud gubernamental para generar una política industrial tendiente a crear cadenas de valor.

El mismo gobierno experto en negocios turbios, que devalúa de facto por la vía del cepo cambiario, y que agrede el salario por la vía del impuesto inflacionario, pretende permanentemente poner las culpas en los otros.  Pero por enfáticos que puedan ser sus voceros, la verdad es que los argumentos no convencen, y lo único que logran transmitir es su prepotente vocación de amedrentar y amordazar toda crítica.

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