Introspección sobre la actualidad argentina

Me formé en la escuela pública y soy egresado de una escuela industrial de un pueblo chiquito del norte de la Patagonia. Trabajo casi sin interrupciones desde los dieciocho años, y en más de veinte acumulo un montoncito importante y variado de recibos de sueldo y talonarios de facturas que acreditan mi condición de asalariado. Desde antes de los 15 años estudié el socialismo y el marxismo, y tuve la fortuna de tener como maestro a uno de los marxistas más cultos, brillantes y originales de la historia argentina, Rogelio Frigerio. A lo largo de muchos años, estudié economía, historia y ciencias sociales desordenadamente pero con bastante intensidad, y acabé cursando la carrera de filosofía en la universidad pública. Aprendí y sé trabajar con lo que el genial Locke llamaba ampliamente ideas. Nada me interesa más que pensar correctamente y mi objeto preferido es la sociedad, la política, el estado y el gobierno.

Por herencia intelectual y formación, soy desarrollista. He sido durante muchos años el más joven de un pequeño grupo político acostumbrado a experimentar la frustración de que, desde la gestión gubernamental de Frondizi entre 1958 y 1962, la sociedad argentina y su dirigencia hayan errado el rumbo del desarrollo y oscilado entre las recetas liberales más o menos clásicas (monetaristas, fiscalistas y contractivas) de Krieger Vasena, Alsogaray, Martínez de Hoz o Cavallo, y la irresponsabilidad cínica de los gobiernos populistas y sus caricaturescos ideólogos (de Gelbard a Kicillof). A partir del intento inconcluso de Frondizi por construir un país con democracia y desarrollo, Argentina pasó por todo: desde la guerrilla armada y la más cruel dictadura, hasta el populismo más berreta, hipócrita, corrupto y fascista.

El fin de la mentira “nacional y popular” del kirchnerismo y el nuevo gobierno de Cambiemos generó en la mayoría de los argentinos la obvia expectativa de que se pueda empezar a enderezar el rumbo. Para mí, notar que no se precipitan medidas ortodoxas contractivas clásicas y que empiezan a darse pasos concretos en el camino del sinceramiento de una economía deformada por más de una década del intervencionismo crematístico y el estatismo de amigos kirchnerista, son hechos tremendamente esperanzadores.

A lo largo de diez años he sido testigo privilegiado y partícipe feliz del crecimiento de una fuerza política que, con todas sus insuficiencias, ha logrado llegar al poder con mucho esfuerzo e inteligencia. Me encontré en ese proceso con muchísima gente buena y seria (y también con mucha gente mala, chanta o tilinga, como en cualquier ámbito). En particular, pude ver de cerca la evolución extraordinaria de su líder, Mauricio Macri, lejos de cualquier paradigma clásico de liderazgo político. Con mi habitual escepticismo hipercrítico, no esperé mucho de él al principio. Hoy lo aprecio y le creo. Lo he visto trabajar y conducir, ordenar y aprender, empujar y organizar.

A Macri le agradezco muchísimo, sobre todo, después de muchos años de amarga percepción de la decadencia argentina, haber recuperado la esperanza en un país mejor. Me autoimpongo la obligación de que el optimismo que siento inevitablemente en estos días, no me impida apreciar los errores que seguramente se cometerán y poder aportar con la crítica a que efectivamente emprendamos el camino del desarrollo nacional.

Estamos dejando atrás más de una década de mala praxis en materia de política económica, latrocinio indisimulado, autoritarismo vulgar, ideologismos berretas, populismo ramplón, chauvinismo de mal gusto, todo ello dimanando sin cesar desde la cúpula del poder político en nombre de un presunto “progresismo nacional y popular”.

Que a esta altura del partido tantos amigos progresistas se rasguen las vestiduras en defensa del “proyecto” (con la caradurez impresentable de Sabbatella como exponente perfecto) resulta tan patético como gracioso. La “resistencia”. La defensa militante de la millonaria y engreída jefa y la idolatría póstuma de un líder muerto sin más talentos que el ejercicio despótico del poder y la aptitud para montar un dispositivo de corrupción sin parangón ni medida.

Antiguos niños ricos que tenían tristeza, acostumbrados a no trabajar, devenidos militantes de la “causa nacional y popular” por tardía convicción ideológica; nuevos ricos surgidos de la malversación esmerada de los dineros públicos desde posiciones de poder por las que jamás rindieron cuentas y de las que abusaron sistemáticamente por largos años; viejos intelectuales indigestados de marxismo mal leído y peor elaborado, tradicionalmente marginales, que de golpe se sintieron reivindicados con gruesos salarios, reconocimiento y hasta cargos públicos absurdos; artistas consagrados que jamás estudiaron ni (obviamente) entendieron nada pero se sienten autorizados por su popularidad a expresar qué es “lo popular”; jóvenes que sienten legítimo y necesario “expresarse” antes que estudiar y aprender algo, cualquier cosa concreta, a conciencia. Todos ellos lejos del pueblo que dicen representar, que sufre hace décadas acostumbrado a ser el pato de la boda de cada crisis, el usuario resignado de servicios públicos destruidos por la mala gestión estatal, y el permanente objeto de la extorsión clientelar de un dispositivo político pretendidamente paternalista y llanamente abusivo.

Con la catástrofe electoral del kirchnerismo no se acaba ninguno de los males que tan eficazmente consolidó en los últimos años. Apenas se está abriendo la posibilidad de un cambio, cuya concreción depende del nuevo gobierno. Felizmente, la “resistencia”, la apuesta al fracaso de esta nueva y prometedora etapa, es percibida por la mayoría de la sociedad, cada vez con más nitidez, como la defensa interesada, desesperada, de los privilegios perdidos por una verdadera nomenklatura a la vieja usanza soviética.

Ojalá la sociedad argentina haya aprendido de su experiencia histórica y sepa darse poco a poco la dirigencia y el proyecto nacional de desarrollo que extravió hace más de medio siglo, del que depende el bienestar presente y futuro de su gente.

2 Comments

  1. Maximo Estoy gratamente conmovida `por tu reflexion
    A veces pierdo el rumbo de l macro
    Aposte a la educacion y al conocimiento siempre y tambien a la honestidad
    Estoy un poco en el limbo no se si me voy al gobierno nacional o si me quedo en algun lugar del gobierno de la ciudad Sin embargo como historiadora nunca estuve tan activa pulsando lo que va haciendo el gobierno de Macri a quien no le tenia confianza y lo vi crecer como vos decis El desafio es que la sociedad se de cuenta Hare mi trabajo donde me toque Por lo pronto en la docencia Hay pocos interlocutores pero cada vez que te leo inmagino una conversacion contigo y estoy feliz Felicitaciones por tu crecimiento y solidez

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