La desmodelización del kirchnerismo

La derrota en las urnas de hace un mes y la convalecencia presidencial parecen haber inducido al Gobierno a una meditación desacostumbrada sobre el panorama político, la marcha de la economía y las perspectivas de la gobernabilidad para los dos años que le restan. El resultado, en las formas, es un cambio de la habitual “crispación” por una propuesta política más moderada, y en el fondo la revisión de algunos dogmas centrales del modelo.

El punto de partida es una serie de fracasos. El fracaso en el control de la inflación determinó la salida del teatral secretario de comercio interior, Guillermo Moreno, y el opaco ministro de economía Hernán Lorenzino. El fracaso de la política cambiaria y monetaria, la renuncia de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. El fracaso en la consolidación del “relato”, la disputa por la iniciativa política y el armado de estas elecciones de medio término, la salida del anodino jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

En lo político, y a despecho del tradicional estilo autoritario del gobierno –principal blanco de las críticas de la oposición progresista y bienpensante– se abre con Jorge Capitanich, nuevo jefe de gabinete, un espacio para el diálogo y el consenso que el gobierno no tiene desde la salida de Alberto Fernández. Capitanich se movió rápido en el sentido de imponer una nueva agenda, terminar con el “de eso no se habla” y abrir el gobierno a la discusión de sus problemas.

En lo económico los primeros pasos fueron simbólicos, todos en contra de los presuntos dogmas del modelo. Se avanzó en una mini devaluación que preanuncia una política más agresiva del Banco Central y un progresivo ajuste del tipo de cambio; se propuso un gravámen a los autos de lujo y se anunció un sinceramiento de tarifas de los servicios públicos y en el precio de las naftas. Con esto, se ataca uno de los núcleos duros del déficit fiscal, los subsidios a las tarifas. Se anunció que el nuevo acuerdo de precios y salarios estará orientado a contener la inflación. Pero la noticia excluyente es la búsqueda de un acuerdo con Repsol por la expropiación de YPF, lo que constituye un paso obvio en el camino de la vuelta del país al mercado de capitales.

El kircherismo avanza así en su desmodelización. Reconoce la inflación y el retraso cambiario después de haberlos negado; está devaluando luego de haber sostenido que no lo haría; intenta volver al mercado de capitales después de haber ensalzado su política de desendeudamiento. Son gestos orientados a estabilizar las variables macroeconómicas y darle aire al gobierno, generar un clima de mayor racionalidad y reconstruir la confianza, condiciones básicas para que haya inversión y sea posible volver a crecer.

Aunque signifiquen desdecirse, los cambios muestran que incluso en el corazón del kirchnerismo se están descubriendo los límites del populismo.  Ojalá sea el primer paso de un verdadero cambio de rumbo.

One Comment

  1. Hay que atacarlos porque son inconsistentes en las “soluciones” que plantean, no hay que dejarlos pensar. Stuzzeneger ya les hizo saber que del mismo modo que sugieren un tributo adicional a los autos de alta gama, lo recaudado en tal concepto debe ser reducido de alguno de los otros impuestos nacionales que ordinariamente se aplican y reducir la insostenible presión tributaria vigente.

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