La enemiga número uno del peronismo

Con su propio centro de cómputos montado en el bunker, Cristina Kirchner se había preparado para desconocer un resultado ajustado y festejar un nuevo triunfo de Unidad Ciudadana, que ratificase un rol de liderazgo de la oposición al “ajuste y el autoritarismo macristas”.  El relato estaba diseñado de antemano con precisión.

Por un rato el domingo pareció que podía ocurrir: los primeros datos le daban a Cambiemos una ventaja similar a la del inicio del recuento durante las PASO, que terminaron en el empate y posterior ventaja de CFK.  Pero no.  La diferencia obtenida por las boletas de Unidad Ciudadana en el conurbano bajó sustancialmente, y no movió el amperímetro: de los 7 puntos iniciales, apenas bajó a 4.  Cambiemos ganó cómodo en casi toda la provincia, y la estrategia discursiva se diluyó.

Como hizo tantas veces a lo largo de su gobierno, Cristina Kirchner volvió a demostrar que se resiste a asumir la realidad y pretende imponer una interpretación forzada.  Con más del 95% de los votos escrutados volvió a poner en duda los números oficiales, se negó a reconocer abiertamente la derrota y festejó como un triunfo el hecho de que obtuvo más votos que el resto de los competidores, o que ella misma un mes antes.

Cristina fue candidata con el objetivo de reasumir el liderazgo del peronismo, y debía ganar en el principal distrito del país para revalidarse.  Pero perdió, coronando una larga serie de errores de diseño de estrategia electoral que los observadores más agudos señalaron reiteradamente en las últimas contiendas.

El peronismo, por su parte, hubiese requerido algunos gestos que el kirchnerismo le volvió a negar: asumir la responsabilidad por la derrota, reconocer la insuficiencia del aparato discursivo de interpelación, y dar el correspondiente paso al costado.  Con Randazzo, Massa, Urtubey y Schiaretti duramente derrotados, sólo se requería eso que más le falta a la subjetividad mezquina de la ex presidente: un poquito de grandeza.

Cristina Kirchner se convirtió así el domingo en la enemiga número uno del peronismo.

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