La industrialización, una expresión de deseo

Hace pocos días, al defender el proyecto de Presupuesto 2013 del Gobierno nacional, el viceministro de Economía, Axel Kiciloff, adjudicó la escasez de dólares a un presunto aumento las importaciones de bienes de capital como resultado de que estaría ocurriendo “un vigoroso proceso de reindustrialización”.  La verdad es que ese proceso sólo existe en el relato kirchnerista, porque la realidad demuestra otra cosa.

El crecimiento económico argentino no se debe a la reindustrialización, sino que acompaña el crecimiento general de los países de la región por el alto precio de las commodities que exportamos.  Esto por sí sólo no alcanza y en modo alguno implica una transformación estructural, al contrario: sirve como una anestesia para disimular los problemas estructurales.

La audaz comparación de Kiciloff con el gobierno desarrollista es completamente falsa.  El gobierno de Frondizi se abocó exclusivamente a crear las condiciones para radicar inversiones y atraer capitales para inversiones transformadoras, de largo plazo.  Este gobierno populista hace todo lo contrario: ahuyenta al capital, castiga el ahorro, desalienta la inversión y sólo privilegia el consumo y el corto plazo.

Por ejemplo en materia de política energética, el gobierno de Frondizi se encontró con que se importaba muchísimo petróleo y a ello se dedicaba gran parte de la capacidad de compra del país.  Por eso atrajo inversiones para sacar el petróleo, y logró en 3 años transformar un país importador en uno autoabastecido.  Este gobierno hace todo lo contrario, castiga la inversión y por eso importa cada vez más petróleo y gas (y en esto, no en bienes de capital, gasta los dólares que le niega a los ciudadanos el cepo cambiario).

Nunca como ahora el país recibió tan buenos precios y tantos dólares como resultado de sus exportaciones, fundamentalmente primarias.  Esto es un fenómeno general, del que se beneficia toda la región.  Los dólares abundan en todos lados, menos en Argentina.  Aquí los dólares entran sólo por la importación de soja.  El resto de los países de la región, en cambio, reciben además dólares en concepto de inversión extranjera directa, que no viene a nuestro país.

Nuestra escasez de divisas no se debe a que se importen bienes de capital, sino petróleo y gas que abundan bajo nuestro suelo y que no se extraen porque este gobierno ya no es creíble y no puede convocar al capital necesario para hacerlo, como lo prueban las infructuosas gestiones de buena voluntad que viene llevando a cabo, sin respaldo político y a contramano de la política económica general, la nueva conducción de YPF.

El valor de los commodities y los términos de intercambio favorables pueden ser una tendencia perdurable, pero no durará para siempre.  Esa es la oportunidad que tenemos que aprovechar para generar una política de industrialización y transformación en serio de la estructura productiva.  Eso es lo que debería hacer este gobierno, que se dedica a todo lo contrario: gastar todo lo que tiene y más, gastar a cuenta, abusando de la emisión monetaria y comprometiendo el ingreso de futuros jubilados.

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