La reina en el destierro

El acto de Cristina Fernández de Kirchner el pasado 20 de junio debía ser, según los pronósticos previos, el lanzamiento de su candidatura y un gesto definido orientado en el sentido de propiciar el acantonamiento de las fuerzas del peronismo kirchnerista.  Curiosamente, no fue ni lo uno ni lo otro.  CFK reeditó una actitud de patente falta de sintonía con la realidad política en la que se ubica y una extraña voluntad de dictar desde las alturas de su arbitrariedad los términos de la situación política concreta.

Al eludir el aparato partidario, Cristina desairó al peronismo en crisis, pero todavía más, por la forma de su discurso, desairó la tradición peronista.  Reincidió en los gestos de superación del peronismo propios del kichnerismo fundacional, aquél que pretendía construir un nuevo progresismo a partir del frustrado experimento que fue la transversalidad.

¿En qué contexto tomó CFK esta decisión?

  1. El poder político está hoy distribuido entre el Ejecutivo nacional (Macri) con apoyo los gobiernos de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, y múltiples y diversos poderes territoriales en manos, en general, de diferentes variantes del peronismo.
  2. El poder peronista reside en los gobernadores peronistas de las provincias y en los intendentes peronistas del conurbano, y en menor medida, en los jefes comunales del interior y en los acuerdos parlamentarios, particularmente en el Senado.
  3. El kirchnerismo está en crisis y en retirada en todas sus posiciones parlamentarias y sus escasos resortes ejecutivos (Santa Cruz).
  4. El único bastión kirchnerista duro posiblemente sea La Matanza.

Lo extraño es que Cristina desairó a todos los factores de poder como si todavía pudiese condicionarlos realmente.  Actúa como una monarca absoluta en el destierro, que no puede ejercer de facto su soberanía sagrada, pero no por ello acepta que sus derechos sean puestos en tela de juicio.  Exige ser tratada como jefa y destrata a quienes no se allanan a una relación de subordinación neta.

En esa tesitura pretendió vetar la participación de Randazzo en la interna peronista bonaerense, o imponer candidatos de La Cámpora en las listas de todo el país.

El peronismo es cruel y no asimila bien los desaires.  CFK debiera recordar cuando aún siendo ella Presidente y manejando con mano de hierro todos los recursos del Estado, el propio Néstor Kirchner padeció las picardías del peronismo, que jugó partidas simultáneas en la Provincia y le propinó una dura derrota manos de De Narváez en 2009.

Pero hay algo en la subjetividad de la ex Presidente que la hace creer que ella es más que el peronismo, tal vez la vaga convicción que tenían originalmente con Néstor: que el peronismo debe ser superado.  O todavía más, que la década ganada fue más importante históricamente que la década peronista, y que ella, Cristina, es más que Perón.  Megalomanía que la historia difícilmente le reconozca y que el peronismo territorial le puede conceder sólo en apariencia, mientras realiza apuestas en todo el tablero y le prepara lo que probablemente sea un doloroso baño de realidad.

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