Laclau, el apologeta K

El intelectual Ernesto Laclau viene haciéndose notar por su cerrada defensa del kirchnerismo a partir de una reivindicación del populismo. Laclau parece descubrir, a edad bastante tardía por cierto y con más o menos dos siglos de retraso, las imperfecciones de la democracia representativa y las instituciones liberales clásicas. Vale la pena dedicar un rato a estudiar su argumento, que Perfil reproduce en esta nota del fin de semana pasado.

En rigor, que la democracia representativa sea imperfecta es algo que desde Churchill no puede decirse en serio sin mover a la risa. Que las instituciones liberales clásicas sean criticables por ser una pátina de corrección política que legitima el poder de los poderosos de siempre, y conservar todo lo conservable, es algo que, desde Marx, tampoco puede decirse como novedad.

Decir que nuestro país está viviendo un cambio radical es una mentira descarada pero además es una inmoralidad: millones de argentinos viven en una escandalosa miseria que este modelo no sólo no hace nada por cambiar, sino que se empeña en negar. Este es un gobierno conservador, y así será estudiado en los libros de historia del futuro. Los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres, mientras se los distraía can dádivas y piedritas de colores.

Decir que este gobierno abrió las puertas a nuevas fuerzas sociales para que actúen en la arena histórica es una idea absurda. No hay tales fuerzas sociales y la crisis de representación y de legitimidad de toda dirigencia es general, profunda y lapidaria, y sólo está disimulada y soterrada por una combinación de crecimiento económico, ilusión monetaria y ampliación irresponsable e insustentable del gasto estatal.

Decir que hay que crear nuevas formas institucionales que correspondan a las fuerzas sociales no es sólo una idea absurda: es una idea perversa que históricamente ha servido para justificar diferentes formas de fascismo.

Hablar del problema filosófico de la representación, un clásico del siglo XIX (que se ha teorizado de manera mucho más interesante de las perogrulladas que borronea Laclau), para justificar la praxis del populismo kirchnerista es un expediente ideológico tan primario como deleznable. El reduccionismo liberal que critica Laclau es inofensivo respecto del daño permanente que genera el populismo.  Por otra parte, es precisamente el poder conservador el que se hace fuerte en los populismos, y no al revés como dice Laclau, y esto está largamente demostrado por la historia de todas las sociedades.

En resumen, los defectos de la democracia liberal clásica (que estudiamos y conocemos por lo menos desde el propio Rousseau) no pueden ser un expediente para reemplazarla por el populismo o el fascismo.  En verdad puede cuestionarse si el concepto de populismo del que a veces abusa la oposición para caracterizar al gobierno no es un expediente simple para criticar algo mucho más complejo (ver, por ejemplo, Rancière en esta entrevista).  Pero sin dudas no puede ser la virtud de este gobierno que, por reforzar su vocación plebiscitaria, profundiza día a día sus rasgos de imprevisión, irresponsabilidad y cortoplacismo.

One Comment

  1. Grande Laclau hace mucho que se escucha que una fábrica de villamiseria es industrializar, incentivar la inseguridad es lucha de clases sociales y consumir ideales distorcionados de realidad una revolución. Espejito , Espejito, cuál es el mejor modelito?

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