Massa, el golpe de gracia al kirchnerismo

La decisión de Sergio Massa de finalmente presentarse como candidato a diputado despeja una de las incógnitas más relevantes de estas internas abiertas, que en rigor poco tienen de primarias.  El peronismo de la provincia de Buenos Aires se presenta con cuatro candidatos, todos en diferentes alianzas, desnaturalizando el espíritu de las PASO (o demostrando su ineficacia).

Como confirmando el viejo aserto de que la gobernabilidad del país depende de cómo se resuelve la interna del peronismo bonaerense, va cobrando forma un nuevo escenario político, que de todas maneras no podía ser peor para el gobierno.  En la Provincia puede aparecer cuarto detrás de Massa, De Narváez y el Frente Cívico y Social.  En la Ciudad también aparece perfilado detrás del macrismo y la alianza de centroizquierda UNEN.  En Santa Fe debió resignarse a perder a su mejor candidata, que le pegó un amable pero violento portazo a Cristina.  Escenarios nada alentadores le esperan en el resto de los distritos importantes.  ¿Qué le queda?  En todas partes aparece en retirada, recostado sobre su ala más radicalizada, la Cámpora.

La pérdida de sustentabilidad del kirchnerismo pone en riesgo la estabilidad de un gobierno que siempre ha jugado al límite, siempre el todo por el todo, y así ha llegado a esta instancia completamente jugado, exhausto y sin variantes.  Un oficialismo llegando a placé en los principales distritos debería obligar a recordar las elecciones de octubre de 2001, y el autismo demostrado por el delarruismo antes y después del episodio electoral.

Pero Cristina Kirchner no tiene siquiera el tino de mirar por encima del hombro y reflexionar.  Lo que le ocurre al gobierno de Dilma en Brasil es sintomático de un malestar contra la política que no debería sernos ajeno a los argentinos y al que la presidenta debería prestar atención, porque ella no tendría ningún escape a una crisis seria de gobernabilidad.  Descartado Boudou como variante (no lo es) el escenario de una Asamblea Parlamentaria deja el terreno de las hipótesis para ser una probabilidad cierta.

Allí quienes tengan muchos votos frescos pueden posicionarse como presidenciales: el propio Massa encabeza la lista.  Podría haber sido también Lavagna, quien de tanto negociar se quedó sin nada, precisamente cuando el juego del intendente de Tigre le hubiera abierto el mejor escenario.  Si no, quedan los gobernadores, Scioli en primer término; su proverbial actitud salomónica puede ser una virtud en un escenario de crisis.  De la Sota, también, si el escenario electoral le sonríe.  Hipotéticamente, podría ser presidente también Macri.

Pero todas las miradas apuntan a Massa, con un condimento interesante: culminada la novela en torno a su candidatura, resta una incógnita: él mismo ¿qué representa?  ¿Es un postkirchnerismo de estilo contemporizador, prolijo, “institucional”?  ¿Es el neoperonismo, lo que sea que ello signifique?  ¿Por qué es la niña bonita de los factores de poder?  Resulta curioso que sea hoy el eje de todas las conjeturas.  Scioli, Macri, De la Sota: ya demostraron qué son y qué no son.  Massa no, y por eso despierta expectativas y temores.

Tal es el escenario político mientras la economía sigue enfriándose y agravándose sus problemas estructurales, configurando el difícil escenario que, sea normalmente en 2015, o tal vez antes, deberá enfrentar el próximo presidente.

One Comment

  1. Al terminar la elección siempre los candidatos dicen algo que probablemente no estudiaron con sus asesores masa no fue la excepción el dijo que tiene que cruzar la frontera y ese es su problema transformar un fenómeno local en nacional a confesión de parte relevo de prueba

Have your say