Monopolio, corporaciones y resistencia.

El relato reivindica la resistencia nacional y popular contra un poderoso enemigo: las corporaciones, el monopolio, los intereses económicos concentrados. Lo que antes se llamaba el establishment, un oscuro poder que opera en las sombras, mueve los hilos tras bambalinas.

La verdad es que ya no hay lugar para el establishment. El argentino es un mercado minúsculo, cada vez más pequeño en términos relativos, y los actores privados más grandes del país son insignificantes a escala mundial y aún regional. México o Brasil son economías gigantescas al lado de Argentina, pero sobre todo las empresas grandes son mucho más grandes.

Ya es un lugar común que el capital concentrado impone precios o condiciones de mercado. Esto pasa en todo el mundo, tanto más allí donde hay mucho capital concentrado. Pero no pasa en nuestro país, por una cuestión de escala. En realidad, el único actor económico realmente concentrado en Argentina es el Estado. Es el que impone precios, cupos, condiciones; es el que decide quién compite, cómo y hasta dónde, es el que presiona y extorsiona, mucho más que cualquier otro agente.

El sector privado “concentrado” argentino se reduce a un puñado de empresas, la mayor parte de las cuales tiene negocios con el Estado y depende de él. Por eso Argentina, si no llega a ser un capitalismo de Estado, sí es un capitalismo de amigos del Estado, o más precisamente del Gobierno. En estas condiciones y con estas características estatales, resulta no sólo funcional sino incluso lógica la corrupción a gran escala.

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