¿Por qué falsea el gobierno las estadísticas?

El amigo Gabriel Martínez consigna hoy en su Facebook un comentario acerca de un tema central de la actualidad argentina, cuidadosamente ignorado por el análisis y el discurso oficialista: el de las increíbles estadísticas del Indec.

Vale recordar que inicialmente se dijo desde círculos kirchneristas, con un guiño cómplice, que la intención era pagar menos intereses por los bonos ajustados por inflación.  Este simpático argumento se tornó falso con la estatización de las AFJP, en virtud de lo cual ahora el Estado con esta mecánica se estafaría a sí mismo.

También se sostuvo que, al subestimar la inflación, se ponía un tope al aumento de salarios y se lograba, así, prolongar en el tiempo el tipo de cambio alto y “competitivo”.  Este argumento, ya menos simpático –al menos para los trabajadores–, tampoco es verdad, ya que  hace tiempo ninguna paritaria se fija en las estadísticas oficiales.

En verdad es difícil encontrar un motivo serio, salvo la descarada intención de tergiversar y mentir con la información.  En primer término, falsear la inflación permite al gobierno mostrar altas cifras de crecimiento del PIB que, si se deflacionaran, serían algo más modestas.  En segundo lugar –y más grave–, subestimar la inflación implica sostener la ilusión de que con poca plata se compra una canasta básica, o sea, que muy poca gente vive en la pobreza o la indigencia.

Como resultado quedan en general distorsionadas todas las estadísticas sociales del país.  Esto es particularmente cínico en para un gobierno que se jacta de privilegiar “la inclusión social”, y suele criticar por “derechistas neoliberales” a cualquiera de sus críticos.

Pero este “optimismo” estadístico, como bien indica Gabriel, ya no se lo creen ni los propios periodistas amigos, y por eso Martín Granovsky, de Página/12, lo reconoce implícitamente en esta nota.  ¿Integrará por eso la “cadena del miedo y el desánimo”?

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