¿Qué es la patria?

Celebrar el día de la patria sin caer en el chauvinismo implícito sólo es posible si media cierta reflexión. Parece necesaria, luego de la exaltación ramplona del tenemos patria que padecimos estos años.

No reivindicamos el 25 de Mayo una esencia nacional profunda, ancestral, espiritual, de raíces étnicas, religiosas, idiomáticas. Todo enfoque romántico, emocional de lo nacional deriva casi espontáneamente en el nacionalismo berreta y en última instancia xenófobo. Pero tampoco habría motivos para celebrar el mero hecho accidental de haber nacido dentro del contorno de los límites geográficos del país, como si lo nacional fuese una mera etiqueta.

Al mismo tiempo, al otorgarle una importancia simbólica, en todo caso exagerada, al hecho histórico político de la constitución del primer gobierno formalmente no virreinal (ya que no independiente) en el Río de la Plata y su área inmediata de influencia, subordinamos nuestro ser nacional al gesto fundacional de la autonomía política por parte de una pequeña elite de comerciantes y abogados porteños. Mirarlo con ánimo prosaico ayuda a desmitificar y poner las cosas en perspectiva.

Si las naciones son, como nos enseñó Benedict Anderson, comunidades imaginadas, nos celebramos a nosotros mismos, con el fin evidente de afirmarnos y reconocernos en lo que tenemos de común y específico. Celebramos una construcción cultural heredada, nuestra, en cierto modo propia, pero también ajena, externa, impuesta. Una construcción cultural más o menos arbitraria, en un doble sentido. Por un lado, en la arbitrariedad de habernos dado, a través de decisiones casi siempre políticas, la forma de una nación determinada (y no otra, con otros límites geográficos, con otro proyecto educativo, con otras referencias históricas, filosóficas, artísticas, poéticas, con otras formas culturales, con otra estructura económica y social). Por otro lado, en la arbitrariedad de haber impuesto (y sufrido la imposición) de esa especificidad, a través de la formalización de determinadas prácticas (la administración gubernamental, las leyes, la educación pública, el periodismo, las instituciones económicas).

Las fechas que recordamos, los próceres que veneramos (y sus cualidades), las batallas, los pactos, las declaraciones, los colores celeste y blanco, los escudos e himnos, son tan constitutivas de esta construcción como los censos, los mapas, los diarios, los libros de texto, las canciones y poemas populares. Y tienen el mismo carácter en cierta medida arbitrario.

Subrayarlo es importante para recuperar la responsabilidad profunda de nuestro trabajo cotidiano en el gobierno y en la cultura. Construimos lo nacional con nuestras prácticas cotidianas, lo defendemos y lo proyectamos, o lo degradamos y bastardeamos. Más allá de los eslóganes. Y las formas, precisamente en la medida en que informan esta historia, son tan importantes como el contenido, y los medios tan importantes como el fin.

Feliz día de la Patria.

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