Redistribución al revés

Con el tipo de cambio informal un 90% por encima del oficial, el Gobierno está demostrando una extraordinaria vocación por enriquecer a sus presuntos enemigos: las clases más adineradas.

A través de sus voceros, el kirchnerismo pretende convencer de que el dólar informal es “marginal”. No parece ser así para quienes necesitan dólares para operar en determinados mercados (el inmobiliario por ejemplo) o a quienes les urge viajar al extranjero. Tampoco para los exportadores, que deben vender sus bienes en el exterior por el dólar oficial menos retenciones, pero que si necesitan comprar determinados insumos, deben pagar a precios de dólar informal.

Pero mucho menos para el sector más pudiente de la argentina, que ahorra en dólares y puede venderlos hoy en cualquier “cueva” por casi el doble de su valor oficial.

Nunca quienes gozaron de rentas en dólares hicieron ganancias más extraordinarias con sólo dejar su dinero guardado en el colchón o la caja de seguridad. Como si tuviesen la gallina de los huevos de oro, día a día los tenedores de dólares vieron acrecentarse en el último año su riqueza, mucho más que con cualquier otra inversión. Por eso nunca como ahora se vendieron tantos autos de altísima gama; por supuesto, un Mercedes Benz de U$S 80.000 puede comprarse por menos de 50.000.

Todo lo contrario le ocurre al tenedor de bienes. Quien hace un año compró un departamento por U$S 100.000 se resiste (como es lógico) a venderlo hoy por mucho menos de ese valor. Sin embargo, el dueño de U$S 100.000 dólares-billete sabe que con casi un millón de pesos puede construir un inmueble mucho más importante que el que le ofrece el vendedor. Por eso las operaciones inmobiliarias caen y el mercado enfrenta su peor momento desde 2001/2002.

Del mismo modo, la clase alta y media-alta viaja por el mundo como no lo hacía desde los denostados años 90. Y compra bienes con su tarjeta de crédito al tipo de cambio oficial con una intensidad que recuerda las épocas del “deme dos” en Miami, por el que se hizo célebre otro de los denostados por el credo Nac&Pop, el ex ministro José Alfredo Martínez de Hoz.

Mientras tanto, quienes menos tienen siguen pagando 21% de IVA sobre los bienes de la canasta básica, la misma que el INDEC mide según sus fantasiosos criterios para hacer aumentar sólo un 10% anual, que en la realidad supera el 25-30%. Los pobres –que el modelo dice defender– deben comer con 6 pesos diarios, es decir, lo que vale un yogur en cualquier supermercado, o bien 60 centavos de dólar, y sus ingresos deben crecer por debajo del 18% para no violar las pautas salariales oficiales.

Los ricos no tienen ese problema: sus ahorros líquidos se valorizaron un 90% en 18 meses. Y a eso llaman modelo de redistribución. Es cierto, es un modelo de redistribución, sólo que al revés.

One Comment

  1. […] Después de la aplicación consecuente del modelo populista, lo que está ocurriendo es ni más ni menos que lo que tenía que pasar.  Podía dudarse acerca de cuál sería el factor desencadenante de la crisis largamente larvada, implícita en el planteo básico de la política económica.  Pero no podía dudarse de que, tarde o temprano, se manifestaría como se está manifestando.  La corrección del tipo de cambio es la consecuencia obvia de su apreciación sostenida debido a la inflación y la emisión, mal disimulada por el “cepo” y el desdoblamiento de tipos de cambio.  Así, el ajuste negado en la retórica populista se concreta en los hechos por la vía más perversa, que es la el impacto de la inflación en las economías domésticas.  […]

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