Sólo el peso se aprecia contra el dólar

El modelo de los años 90, la Convertibilidad, era consistente en prácticamente todos sus aspectos salvo por uno crucial: el tipo de cambio fijo, retrasado, constituía un peso muerto gravoso sobre el aparato productivo del país. El atraso del tipo de cambio alentaba las importaciones, penaba las exportaciones, y deprimía los precios de los bienes: eran los tiempos de la deflación. Con la caída de los precios había una pulsión a la baja de las rentabilidades del sector productivo de la economía y, por supuesto, del salario de ese sector, que impactaba en toda la economía. Fue la época del “ajuste ortodoxo”, como lo llamaban los críticos progresistas de ese momento.

El kirchnerismo aprovechó, a lo largo de “la década ganada”, un contexto extraordinario conformado por dos factores determinantes: (1) la mega devaluación de 2002 ejecutada por Duhalde y Remes Lenicov, que alteró el signo del tipo de cambio, que pasó a estar sobrevaluado, y (2) la fase de altos precios internacionales de las materias primas.

Los defensores de llamado “modelo productivo de matriz diversificada etc. etc.” subrayaban como uno de sus pilares el “tipo de cambio competitivo”. Por supuesto, el tipo de cambio alto, al favorecer las exportaciones y deprimir las importaciones se convirtió en el sostén del superávit comercial y, retenciones mediante, del superávit fiscal, los superávit gemelos, estrellas de la primera época del kirchnerismo.

Es sabido que el tipo de cambio alto o “competitivo” no puede sostenerse indefinidamente en el tiempo, pero además el gobierno hizo todo lo posible por destruirlo. La manipulación de los números del INDEC puede mentir sobre la inflación, pero los precios de la economía son reales y el tipo de cambio real empezó a retrasarse progresivamente. Este proceso se aceleró a partir de 2007, cuando la inflación comenzó a trepar muy por encima de la tasa anual de depreciación del peso.

El Cronista señala hoy un hecho que debería llamar a la autocrítica a aquellos defensores del “tipo de cambio competitivo”. El peso es la única moneda que se aprecia en términos reales frente al dólar, y lo hace a un asombroso ritmo del 19,6% anual frente al dólar y de 49,6% y 45,9% anual frente al euro y el real, respectivamente, lo cual arroja una apreciación del tipo de cambio real multilateral del orden del 40%.

El panorama que enfrenta el sector productivo de la economía es de franca recesión, impactado por esta realidad, que ni todos los controles de importación pueden disimular y que, seguramente, hacen que los productores añoren otros tiempos, incluso los nefastos años noventa.

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