Universidad: el tema tabú de los progresistas

Una nota de Guadagni en La Nación del 16 de septiembre pone el dedo en la llaga de uno de los temas tabú para la progresía bienpensante argentina: la crisis del sistema universitario. Señala que nuestro país muestra índices preocupantes cuanto a estudiantes y graduados, no sólo respecto de los países desarrollados, sino sobre todo de nuestro vecinos Brasil y Chile. La Argentina tiene:

  • un alto índice de estudiantes por habitante: 41‰, contra 26‰ de Brasil y 32‰ de Chile. Esto significaría -a priori- que el sistema es más inclusivo, a tono con la mitología de la “universidad pública, gratuita, laica”, etc. que repite cansinamente el progresismo,
  • relativamente pocos graduados por cada ingresante: 27%, contra más del 50% en los países vecinos (y cerca del 90% en los países desarrollados). Esto significaría que el sistema es ineficiente y pondría ya un signo de interrogación sobre las virtudes de la política de educación superior,
  • un muy bajo índice de profesionales por habitante: 2,5‰, también por debajo de Brasil y Chile (4‰). O sea que el sistema, además de ineficiente, ofrece malos resultados en términos absolutos.

En verdad resulta injusto que por cada 1.000 argentinos que pagan impuestos, sólo se beneficien 41 personas con la posibilidad de estudiar. Este es el argumento central que pone en cuestión la gratuidad completa de los estudios universitarios en la Argentina. Pero si además de esos 41 estudiantes, sólo 1 de cada 4 se gradúa, el bien público generado (su profesión, aquello para lo cual se invierte el dinero público) es ineficiente. No sólo es un gasto injustamente distribuido, sino además ineficaz en su ejecución.

Guadagni señala, con cautela y corrección política, que el problema central no está en el sistema universitario, sino en el pésimo nivel de la educación universitaria. Con toda probabilidad este es el principal desafío a abordar por la política pública. Pero de todos modos en la Argentina falta un debate serio sobre el problema universitario, y falta porque la cuestión está penetrada de ideología.

Los temas tabú como el examen de ingreso, el arancelamiento y las condiciones de regularidad de los estudiantes de la universidad pública deben discutirse. Es necesario algún sistema de incentivo al estudio y desincentivo al estudiante crónico o el mal estudiante. Y finalmente, una pregunta global acerca de cuál es el problema de gestión que hace que, a lo largo de toda la “década ganada”, a pesar de que aumentó el presupuesto educativo, el nivel general del sistema empeoró, siendo estos datos de la educación superior apenas un indicador más.

3 Comments

  1. Muy bueno Maxi. Celebro la aparición de estos temas por sobre la chatura soez que forman parte del “debate” cotidiano. Abrazo, Guillermo.

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  2. No es ajeno tampoco el hecho que el nivel de la enseñanza secundaria haga agua por todos lados, tanto en lo concerniente a los contenidos programáticos, cuanto al nivel de capacitación de los docentes.

  3. Una cosa es la eficiencia educativa y otra es el elitismo poco disimulado de Guadagni. El que quiere pagar la universidad (y recibirse cuando pueda) tiene numerosas opciones privadas. El Estado igualmente debería rever el financiamiento de un sistema tan extenso de universidades nacionales, la superposición de las mismas y regular sus jurisdicciones.
    R Dante Flores

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